22 noviembre 2009
















Ya conocí tus labios ingenieros,

ya tus ojos, espías palaciegos.

Ahora quieres volver

y es delirio evocar cada hotel invernal,

cada nube de humo como castillo breve.

Quieres volver con ojos conmovidos,

sin manos alevosas,

a respirar al lado de mi boca andariega.

Aún así, resplandeces de transparencia herida

y perturba el fantasma de tu desnuda risa.

Aún así, es precipicio perseguir tu aleteo,

con tu voz enraizada profundamente en mí.

Eres como un almendro desolado en otoño

incitando a dormir su simulada muerte,

urgiendo a renacer retoñado en amor,

florecido de abril, arraigado en tu piel,

mi fructífero huerto…


26 octubre 2009















En el otoño desenmascara el árbol

así como lo hacen nuestras alegrías

y de fronda nostalgia se nos puebla la tierra

tras la lluvia intensa de esta edad tardía.

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15 septiembre 2009














Esperando a la brisa

Dentro de algunos de nosotros perdura, con independencia de la edad, un eco insomne que nos hostiga persistentemente y para intentar someterlo lanzamos un grito ahogado capaz de encabritar el agua tranquila que pudiera ser nuestra existencia.

El paso del tiempo nunca es indiferente, todo va emborronándose, se disipan espejismos capaces de llenar algunos vacíos. Lo cotidiano parece querer eludir el acontecimiento aventuresco, ese que en ocasiones se antoja tan posible como el revoloteo de un pensamiento y tan decisivo como dar un salto imperioso hacia lo desconocido: la salvaguarda transitoria para evitar caer en el precipicio de vivir entreviendo el final del paréntesis, o la innegable señal anunciándonos que se va avecinando la última frase de nuestra novela.
Ciertamente nada nuevo se descubre si somos incapaces de armarnos y volar con las alas que mantenemos ocultas en la voluntad y en la mirada.

La mano propia necesita del calor perceptible de otra mano aliada, tangible, leal, guía en nuestra ceguera torturante, el amparo del camarada, y así, en confianza, poder sentirnos capaces de atrevernos a cruzar la calle ilusionante de nuestras aún posibles fantasías. Precisamos de la caricia, del beso enardecido, del cuerpo celebrando el regocijo de armonizarse en otro. Hay una demanda interna necesitada de contacto, de piel convocando a piel, de lágrimas, risas, de la voz y sus matices vibrando en nuestros oídos…

Día a día constato que un blog nunca deja de tener una gran parte de muralla infranqueable, de muro sordo, y voy apreciando como tras esa barrera vais desapareciendo tal y como llegasteis. Uno a uno regresáis al lugar donde presumo estabais antes de formar parte de este inciso en mi vida, volvéis a vuestros velados señoríos, imaginados cientos de veces pero que lamentablemente jamás recorreré.

Me olvidareis lenta e irremisiblemente, yo os olvidaré a mi pesar, es la vida. Aún así no tengo duda: ha valido la pena cada minuto dedicado a conoceros, a pensaros, a fantasear con capítulos posibles de esta fábula con estéril final. Sé muy bien que este intento de vuelo es tan solo una dulce quimera.

Aunque, lo confieso, siempre perdurará e mí la marca indeleble de ese alguien que secretamente me enamoró, en el más bello ensueño imaginado. Pero tras el sueño despertar trae un regusto agridulce con la perdida de lo que parecía ser real, el despertar también lleva consigo la aspereza de descubrir la verdad irremediable.

Estas tenues amistades o ingenuos amores consiguen deleitarnos la existencia durante segundos, minutos, horas. Son juegos preciosos y no deberíamos renunciar a su lúdica recompensa, eso sí, siempre teniendo en cuenta que se rigen por unas reglas vigentes tan sólo en este cosmos particular. Durante nuestra permanencia en él nos engañamos como si pudiéramos abandonar fácilmente su atrayente tela de araña. Es duro renunciar a un mundo sin distancias donde nos creemos seres más perfectos que en el real, donde solo el regreso a la vida rutinaria nos desengaña con su telón de materialidad.

Pero no me hagáis mucho caso, esto son tan sólo taciturnas reflexiones y posiblemente las arrastrará la brisa junto a cualquiera de las noches venideras.

24 julio 2009








Báilame la piel con tus labios rojos
rózame de noche con tu lengua esquiva
cálame con lluvia soñada en tus ojos
sálvame en tus brazos, voy a la deriva.


26 junio 2009

















A esa tú enclaustrada que se te escapa y me seduce
le proclamo que fui tuyo hace ya treinta inviernos.
No podías saberlo, aún no habías nacido
pero yo te inventaba entre las escamas de mi joven ciprés
cuando la juventud se escarchaba en amores,
en claveles de sueños imposibles,
en desafinados intentos buscando un tono propio.

Luego vino aquello de alejarse persiguiendo el paso de los días
exilado en un huerto prospero, en una apacible enredadera,
pero a pesar de ello se me angosta la noche
despiertan los fantasmas a la luna del pecho
y rompen las crestadas olas de los temores
en el acantilado de una ilusión desértica.
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04 junio 2009















Un perfume amigo deja a un lado la prisa,
el llanto, la condonada esquirla de la nada,
y hace olvidar la premura de este transito
templando suave esta mano envenenada

Los deseos, esas fieras amansadas
recorriendo mil leguas por segundo,
son osadía descubriendo islas,
descifrando signos, enmendando erradas,
un pretencioso airón extraído de mis alas.

Pero a veces el sedicioso olvido
deja una rosa al lado de mi cama,
haciéndome creer y pensar un instante
en el consuelo de poder rastrearte
tras el turbio cristal de tus palabras.

19 mayo 2009














No es un asunto grato evidenciar la muerte,
ni escribir en la misma sombría e inesperada página
con la tristeza propia de los árboles secos,
esos que se descubren al reverso del tiempo
sin haber recorrido con la vista sus hojas desteñidas
ni el derrumbe de sus flores marchitas encogerse en el suelo.

Te fuiste como un barco sin estela de espuma,
tan repentinamente como si ya asumieras el azul infinito.
Desde tu promontorio de poemas inmortales,
partiste con motivos enraizados llamándote,
en un simple descuido, en una presurosa telaraña de sangre.
Yo mientras, escuchaba tu voz explicativa,
tu voz cierta y ausente alumbrando en mi mente
una mujer desnuda vislumbrada en lo oscuro.

Ni el duelo en que han quedado cubiertos los frutales
ni tus felices letras tan brutalmente huérfanas
recitan tu ternura de calidez y escarcha,
y un silencio de viento apaciguado y mudo
se aposenta en la sombra de esta longeva noche
apuñalada y hueca desde la última pérdida.

No sé de resonancias, alambradas ni brumas
capaces de apartarme de tu mirada clara
cuando con la soltura del genio emancipado
eras capaz de dar con sencillez preciosa
la justeza a unos versos, la tristeza a un aroma,
la vida en un segundo de devoción profunda.

Adiós,
se ha bordado un silencio en la literatura…

03 mayo 2009
















Callejón con salida

La posibilidad de abandonarlo todo gracias a nuestro poder de elección es en su mayor parte ilusoria; mutilado tenemos eso del libre albedrío.

No niego con ello el hecho de nuestra capacidad para decidir nuestro rumbo en cada encrucijada, en cada bifurcación o incluso en cada “porque sí”, sin más motivo que la voluntad de hacerlo. Ahí está el caso, como ejemplo, del sabio anacoreta que se retira a las montañas o del monje cenobita dispuesto a vivir alejado  del resto del mundo. Entrando en meditación íntima pueden transformar su yo interno y renovarse, sin duda, pero no dejarán de ser casos aislados, la inmensa mayoría de los seres humanos nos sentimos encadenados sin apenas perspectivas de evasión. El nido cómodo es una cárcel consentida sin apenas resquicio para airearnos.

 ¿Cuántas veces nos preguntamos: qué hago yo aquí? 

Y tal vez esa pregunta nos la planteamos sencillamente para seguir creyendo en que podemos interrogarnos por el placer inexplicable de no saber responder. La sempiterna limitación humana no nos permite atisbar ninguna respuesta próspera. Los dogmas no nos sirven ni amparan debido a su característica determinante, son pozos ciegos y nuestra cordura aunada con la razón los objeta. Además, siempre deberán surgir nuevas preguntas tras cada respuesta, tanto si ésta es aparentemente satisfactoria o inalcanzable,  pues la certeza incuestionable es pariente cercana de la muerte y coarta este existir cimentado en ir oxigenándose con la útil panacea del asombro.

Por otro lado, aspiramos a mitigar nuestra soledad buscando compañía e intentamos compartir nuestra vida sobre una base construida desde el entendimiento, desde la comunicación fructífera en las variadas vertientes que nos son comunes. El sexo es sólo una de ellas y la más próxima a lo irracional de todas. Acaso por eso podemos alcanzar cierta felicidad desde su trinchera, ya que no desde la ausente lucidez en la que nos sumerge; situación ésta que tan interesadamente enturbia nuestra razón mientras nos gobierna el fluir intempestivo de la pasión.

En algún momento de la evolución la naturaleza erró, no fue ecuánime en sus leyes o al menos así lo parece. El naturismo defrauda cuando nos iguala de forma ejemplarizante, la demencia lo prueba, la común infelicidad lo explica, y ya no sirve justificarnos con nuestro progresivo alejamiento  de esa madre omnipresente, pues ella sigue un camino y nosotros estamos perdidos en el intento de coincidir en otro cercano y convergente.

La religión, tan opuesta a la razón, ingenió y hace uso de la fe como un absurdo intento por creer en lo increíble, por ello no tan solo es un opio sino curiosamente también el paraíso mismo que tanto promete. No hay mayor gloria que creer, no hay mejor acomodo como el de tener al presente arropándonos como si fuera ese mismo presente nuestro destino, y más si ese destino nos promete repletar la ansiedad de lo eterno.

La duda entre el gozo (terrenal, cercano, factible, fugazmente real, ese que el ojo de nuestros sentidos nos muestra escandalosamente) y la artificiosa creencia en un designio superior o en un orden supremo capaz de salvaguardarnos de la desesperanza, debería inclinar la balanza ostensiblemente hacia el lado de la razón si no fuera por nuestra imperiosa necesidad de sostén y por los claros intereses de la clase poderosa y regente.

Pero no hay que olvidar, por obvio, la única evidencia capaz de alumbrarnos: No es la vida un corchete intachable y lacrado, más bien debemos entenderla como un callejón con salida, y así como entramos en él desde una plaza inmensa, el cosmos, con el salvoconducto y única deidad de nuestros átomos indestructibles, salimos a la muerte existiendo en ellos para la eternidad, sin conciencia de ser pero, sin duda, siendo…

18 abril 2009















Abril para soñar después del tiempo ido,
entre la pausa de dos olas azules
o acaso sobre cielos labrados de algodón
con una piel de nube por almohada
y adentrándome en el joven misterio
de esa felicidad liviana que convocas.

Quiero ver detrás de tus gafas oscuras,
dirigiendo mis ojos a los tuyos
como un dardo de luz iluminando este abril ceniciento,
y quisiera seguir solazosamente el trazo de tu mano
descubriendo letra a letra tu siguiente palabra,
la que nace desde el impulso de tu pensamiento
y en un breve segundo germina en la cuartilla.

La imaginación también tiene un sonido,
un color inventado,
un toque de paladar entre dulce y amargo,
es por eso que volar se consigue sin más alas ni vientos
que ese cerrar los ojos imaginándote.


30 marzo 2009
















El candor de tu recuerdo me acaricia dulcemente
en esta mañana tibia de incipiente primavera.
Cuando silencioso escucho tu imaginado suspiro
dejo que la noche entierre en su azabache mi angustia
y ensortijando en los sueños que agrietan las añoranzas
ansío de nuevo la brisa de tu saludable abrazo
avivando en mi abandono la verdad beligerante.

Pálida figura ausente que derrama mi tristeza,
ya perdida en la penumbra de los bosques transitados
mi dedos han explorado tus inaccesibles valles,
nocturnamente mis manos navegaron en tus mares,
con rumbo desconocido tuve el timón empuñado
descubriendo en tus pupilas un territorio entrañable
luego, muerta nuestra tregua, me arrolló la indiferencia.

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